Cuando perdemos a alguien

cuando perdemos a alguien

Uno de los momentos más complicados a los que nos enfrentamos los humanos, es cuando nos toca despedirnos. En esos momentos, nuestra sensación de incertidumbre e inseguridad suele nublarnos y ser protagonista de nuestro día a día.

Es normal sentirnos desprotegidos y desamparados cuando perdemos a alguien. Al fin y al cabo, pasamos de la costumbre de su presencia en nuestras vidas, a la ausencia (más o menos radical) de la misma. 

Y perder, sea lo que sea, siempre duele. Siempre cuesta.

No sé si te suena el nombre de Bowlby. Él fue quien habló de la teoría del apego. Planteó que, cuando somos pequeños, tenemos la necesidad de establecer vínculos afectivos con otras personas para poder sobrevivir.

Pensemos en un bebé: su figura de referencia es, generalmente, su madre. Será ella quien cubra sus necesidades (alimentación, sueño, cuidados…), de forma que, entre ambos, se establece un tipo de relación de apego, en función de cómo interprete y reaccione la madre ante las demandas de su bebé.

A medida que los niños van creciendo, se separan, poco a poco, de sus figuras de apego y van explorando el medio que les rodea. Pero, aunque se distancien, siempre vuelven en busca de seguridad, cariño y apoyo.

Sucede que, cuando a la figura de apego le ocurre algo y el vínculo se ve amenazado, el niño reacciona con emociones intensas. De hecho, cuanto mayor es la posibilidad de pérdida o ruptura, más intensas serán las reacciones (ansiedad, llantos, ira, agresividad…).

Y… ¿Qué tiene que ver esto con cómo me afecte la pérdida de una persona cuando soy adulto? Porque los vínculos de apego construidos en la infancia determinan, en gran parte, como nos relacionamos de adultos.

Si tenemos un apego seguro, nos apreciamos y sentimos valiosos. Nos creemos con derecho a recibir el cariño de otros. Cuando sufrimos una pérdida, sentimos dolor. Mucho. Pero un dolor capaz de, con tiempo y acciones concretas, procesarlo.

Si tenemos un apego inseguro, crecemos con sensación de poca valía, tendencia a la dependencia y miedo al rechazo. Por tanto, cuando perdemos a alguien no solemos elaborarlo de forma sana. Nos cuesta procesar el dolor.

¿Cómo podemos elaborar un proceso de duelo de forma adaptativa?

Según William Worden, experto en procesos de duelo, tenemos que pasar por cuatro fases que nos permiten hacer una correcta reintegración de la pérdida:

Aceptar la realidad de la pérdida.

Elaborar el dolor de la pérdida.

Adaptarse a un mundo sin esa persona.

Hallar una conexión perdurable con esa persona. Darle un nuevo lugar.

Por tanto, si conseguimos ir resolviendo estas tareas, conseguiremos desarrollar un duelo sano y adaptativo, de forma que sepamos adaptarnos al nuevo mundo que se nos presenta sin esa persona y tengamos la capacidad de establecer nuevas relaciones.

Lo importante es que no evitemos el sufrimiento, sino que lo escuchemos, dejemos sentirlo y, a partir de conocerlo, lo resolvamos.

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